La semana pasada tuve la oportunidad de participar en dos jornadas de entrenamiento junto a diferentes grupos especializados de rescate técnico.
La primera reunió al GERA del Ayuntamiento de Valencia, al GER de la Diputación de Alicante y a un médico de emergencias helitransportadas. La segunda contó con la participación del GRA del Ayuntamiento de Albacete, bomberos del SEPEI de Albacete y bomberos del Ayuntamiento de Cuenca.
El objetivo de ambas jornadas fue compartir procedimientos, contrastar técnicas y poner a prueba diferentes configuraciones de puntos elevados artificiales aplicadas al rescate con camilla.
Uso de puntos elevados de anclaje
En los rescates técnicos, la extracción de una camilla por el borde suele ser uno de los momentos más críticos de toda la operación.
Cuando no se dispone de un punto elevado de anclaje, es necesario realizar el conocido paso de borde o paso 90º, una maniobra que exige gran coordinación y que expone tanto a los rescatadores de borde como a la víctima a riesgos adicionales. La complejidad aumenta más aún cuando la camilla debe mantenerse en posición horizontal durante la extracción.
¿Cuál es la ventaja principal? Permiten evitar el paso 90 o reducir significativamente su complejidad, facilitando una transición mucho más controlada entre la vertical y la horizontal. Aumentando la eficiencia y la seguridad de la operacion.





Utilizar puntos elevados en rescate técnico ofrece muchas ventajas, pero también requiere formación, práctica y una buena comprensión de cómo trabajan estos sistemas.
Equipos como el Gin Pole, los bípodes, los trípodes con pata extensible o los marcos (frames, en inglés) permiten crear un punto de trabajo por encima del borde. De esta forma, la cuerda queda separada del obstáculo, se reducen los rozamientos y se consigue una transición mucho más limpia durante la extracción.
El resultado es una salida de camilla más fluida, con mayor control sobre la carga y un trabajo más cómodo para todo el equipo. Además de hacer la maniobra más eficiente, estos sistemas reducen el esfuerzo de los rescatadores que trabajan en el borde y aumentan la seguridad durante una de las fases más delicadas del rescate.
Eso sí, un punto elevado no hace el trabajo por sí solo. Para aprovechar todas sus ventajas es necesario conocer bien sus limitaciones, saber instalarlo correctamente y entender cómo se transmiten las fuerzas a la estructura y a los anclajes. Cuando todo eso se combina con un buen entrenamiento, los puntos elevados se convierten en una herramienta de enorme valor para cualquier equipo de rescate.
Ejercicio 1: rescate en la sima Avenc Ample


El ejercicio se desarrolló en el Avenc Ample, en la Vall d’Ebo (Alicante), una de las simas más conocidas de la Comunidad Valenciana. Con una boca de unos 25 metros de diámetro y una profundidad cercana a los 50 metros, ofrece un escenario con mucha altura para escoger bien los sistemas de tracción para a elevación. Además, es una cavidad muy utilizada desde hace años por grupos de espeleología y equipos de rescate para realizar prácticas.
La maniobra consistió en la evacuación de una víctima situada en el fondo de la sima mediante un aparejo inglés. Este sistema permite mantener la camilla separada de la pared durante gran parte de la extracción, algo especialmente útil cuando existe riesgo de caída de piedras o cuando se busca evitar que la camilla y los rescatadores golpeen o rocen continuamente con la roca.
Además de mejorar la seguridad, esta configuración facilita una extracción más controlada y reduce las interferencias durante toda la maniobra de elevación.

Reflexión sobre el uso de sistemas ligeros y sistemas redundantes
Una de las reflexiones más interesantes que surgieron durante esta jornada fue que la seguridad no siempre consiste en llevar más material o montar el sistema con más redundancia. La clave está en elegir la solución más adecuada para cada situación.
Muchas veces pensamos que un sistema es más seguro porque lleva dos cuerdas, dos anclajes o más dispositivos. En muchos casos es así, pero siempre hay que valorar dónde vamos a trabajar y qué necesitamos realmente.
Cuando trabajamos en un entorno urbano o industrial, donde los vehículos pueden llegar prácticamente hasta la zona de intervención, el peso del material deja de ser un problema. Podemos transportar más equipos y montar configuraciones con un mayor nivel de redundancia sin que eso afecte al trabajo.
La situación cambia por completo en cuevas, barrancos, grandes paredes o zonas de montaña. Allí todo el material hay que transportarlo a la espalda y, en ocasiones, durante largas aproximaciones, antes de empezar el rescate. En ese momento, cada kilo cuenta.
Un equipo que llega cansado al lugar del accidente no solo tiene menos fuerza. También pierde concentración, toma peores decisiones y trabaja con menos precisión. Por eso, llevar más material no siempre significa trabajar con más seguridad.
Muchas organizaciones especializadas en rescate en medio natural utilizan sistemas más ligeros precisamente por este motivo. No buscan reducir la seguridad, sino encontrar el mejor equilibrio entre el material que transportan, el esfuerzo que realiza el equipo y la seguridad durante toda la intervención.
Otra idea que apareció durante la jornada fue que, más importante que el número de cuerdas, es que el sistema sea capaz de mantener la carga controlada en todo momento. Si el rescatador tiene que soltar las manos por cualquier motivo, el sistema debe seguir sujetando la carga de forma segura.
Ese principio es lo que normalmente conocemos como hands off. Se puede conseguir con dispositivos autoblocantes, nudos Prusik u otras configuraciones. Lo importante no es cómo lo hagamos, sino que la carga nunca pueda perderse de forma accidental.
También quedó claro que el debate entre trabajar con una cuerda o con dos no tiene una única respuesta. Cada rescate es diferente y cada escenario obliga a tomar decisiones distintas. El terreno, la distancia de aproximación, el tiempo disponible, los riesgos del entorno o la experiencia del equipo son factores que deben tenerse en cuenta antes de elegir un sistema.
Al final, esta jornada volvió a demostrar una idea que siempre intento transmitir en las formaciones: no existe una maniobra perfecta ni un sistema válido para todas las situaciones. Lo importante es entender cómo trabajan los equipos, evaluar los riesgos de cada intervención y elegir la solución que ofrezca el mejor equilibrio entre seguridad, eficacia y operatividad.
Para este ejercicio se montó una estructura Arizona Vortex configurada como un A-Frame Sideways, complementada con un monoposte. Esta configuración permitió elevar el punto de trabajo por encima del borde, separar la carga de las paredes de la sima y facilitar una extracción de la camilla mucho más limpia y controlada durante toda la maniobra.
Los anclajes se instalaron mediante configuraciones multipunto, utilizando eslingas sobre puentes de roca, anclajes removibles y un sistema SAS tipo araña para repartir las cargas entre varios puntos de anclaje.
La simulación comenzó con el descenso de rescatista y seguido por un médico de emergencias hasta la víctima para realizar una primera valoración. El paciente fue representado por un maniquí de aproximadamente 70 kg, al que se le colocó una faja pélvica como parte de la estabilización inicial. A continuación se realizó la extracción conjunta de la víctima y el rescatador, finalizando el ejercicio con la evacuación del médico.
Ejercicio 2. Sistemas de elevación con monoposte Vector y Terradaptor
La segunda jornada se desarrolló en una pared vertical junto a los equipos de Albacete y Cuenca, centrándose en el uso de puntos elevados artificiales aplicados a maniobras de rescate.





El primer ejercicio consistió en el montaje de un sistema de elevación mediante un monoposte Vector. La configuración se diseñó con la cuerda principal trabajando sobre un punto elevado, mientras que la cuerda de seguridad permanecía anclada a un punto independiente en el suelo pasando sobre un protector con rodillo. Esta disposición buscaba combinar las ventajas de un punto elevado para facilitar la extracción con la seguridad adicional de mantener una línea de respaldo independiente ante cualquier fallo en el sistema principal.
Para completar el montaje, los vientos se instalaron utilizando anclajes naturales como puentes de roca y removibles como los pulse de Petzl, incorporando sistemas de protección de cuerda en el borde con protectores textiles y rodillos en las zonas de posible contacto con la roca. Durante las maniobras se pudo comprobar cómo el punto elevado mejora notablemente la transición de borde, reduce los rozamientos y facilita el control de la carga durante la elevación de la camilla y del rescatador.
Además, el ejercicio permitió realizar mediciones reales de las fuerzas generadas en el sistema. Mediante una célula de carga instalada en la línea de tracción, se registró una carga máxima de 172 kg de fuerza sobre el SAS (Sistema de Anclaje Seguro). Este dato resultó especialmente interesante para analizar cómo se distribuyen las cargas durante una maniobra de elevación y para verificar el comportamiento del sistema en condiciones de trabajo reales.

Con la medición pudimos comprobar la utilidad de los puntos elevados para optimizar la dirección de las fuerzas y mejorar la eficiencia de la maniobra, reduciendo tanto los rozamientos como el esfuerzo necesario para realizar la extracción.
En un segundo ejercicio se montó una estructura Terradaptor configurada con punto elevado para la instalación de descenso y ascenso guiado. Sobre esta punto de anclaje elevado se colocaron las cuerdas portantes tensionadas y las cuerdas con de elevación y descenso con un sistema de doble tensión con dos Clutch para realizar las maniobras de descenso y ascenso guiado.

La instalación permitió trabajar sobre una tirolina de aproximadamente 80 metros de longitud, con una diferencia de altura cercana a los 20 metros en el punto mas alto sobre la pared. Esta configuración reprodujo situaciones reales de rescate en las que es necesario transferir víctimas o rescatadores a través de obstáculos, barrancos o zonas de difícil acceso.
La práctica permitió comparar diferentes configuraciones de puntos elevados artificiales y analizar su comportamiento en distintos escenarios de trabajo. Los resultados evidenciaron que este tipo de estructuras aportan una mejora significativa en la eficiencia de las maniobras, optimizan la transferencia de cargas y aumentan la seguridad tanto para los rescatadores como para las víctimas durante las operaciones de rescate técnico.
Un aspecto especialmente interesante de este segundo ejercicio fue el análisis de las cargas generadas en el sistema mediante el uso de una célula de carga instalada en las cuerdas portantes.
Durante las diferentes maniobras realizadas sobre la tirolina, se registró una carga máxima de aproximadamente 400 kg en el sistema portante. Este dato permitió observar de forma práctica cómo las tensiones pueden incrementarse significativamente en este tipo de configuraciones, especialmente cuando intervienen factores como la longitud de la instalación, el ángulo de la cuerda, la flecha generada y el movimiento de la carga.

Uno de los ejercicios más interesantes de la jornada fue medir en tiempo real las fuerzas que se generaban durante las maniobras. Ver esos datos mientras trabajábamos permitió entender mucho mejor cómo se comporta realmente el sistema cuando está bajo carga y la importancia de montar una tirolina de forma correcta.
También pudimos comprobar que las cargas que reciben los anclajes y las estructuras elevadas pueden ser mucho mayores que el propio peso de la víctima o del rescatador. Es un aspecto que muchas veces no se aprecia hasta que lo ves reflejado en una célula de carga.
Este ejercicio sirvió para comprobar sobre el terreno muchas de las cosas que normalmente explicamos en la parte teórica. Los datos obtenidos, tanto en el sistema de elevación con el monoposte Vector como en la tirolina montada con el TerrAdaptor, nos ayudaron a entender mejor cómo trabajan realmente estos sistemas y nos dieron información muy útil para seguir mejorando los montajes en futuras intervenciones de rescate.
Conclusión
Más allá de las maniobras o del material utilizado, el verdadero valor de estas jornadas está en reunir a profesionales de diferentes servicios para entrenar juntos, compartir experiencias y aprender unos de otros.
Cada equipo tiene su forma de trabajar y siempre hay algo que aprender cuando se observa cómo otros resuelven un mismo problema. Ese intercambio de conocimientos hace crecer a todos y ayuda a mejorar la preparación para futuras intervenciones.
Por eso es tan importante que los equipos trabajen bajo un mismo estándar. Cuando bomberos, rescatadores o técnicos de distintas organizaciones coinciden en una emergencia, hablar el mismo lenguaje técnico y utilizar procedimientos similares facilita la coordinación y permite trabajar con mayor seguridad y eficacia desde el primer momento.
Ese es precisamente uno de los objetivos de la International Technical Rescue Association (ITRA). Desde su creación en 2016, ha desarrollado un estándar internacional para la formación y evaluación de profesionales del rescate técnico, permitiendo que rescatadores de distintos países trabajen con una base común de conocimientos y competencias.


Hoy en día, ITRA cuenta con programas de formación y certificación en diferentes especialidades, como rescate con cuerdas, espacios confinados, medio natural o aguas rápidas. Su filosofía es sencilla: evaluar lo que un profesional es capaz de hacer en un escenario real, no solo lo que conoce desde el punto de vista teórico.
Trabajar bajo un estándar como ITRA aporta muchas ventajas. Facilita que equipos de diferentes servicios puedan integrarse con rapidez en una misma intervención, reduce los problemas de comunicación y mejora la coordinación cuando el tiempo es un factor decisivo.
Pero, sobre todo, fomenta una forma de trabajar basada en la mejora continua. Cada entrenamiento, cada maniobra y cada intercambio de experiencias ayuda a seguir evolucionando como rescatadores.
Al final, ese es el verdadero objetivo de jornadas como esta. No se trata únicamente de aprender una maniobra nueva o de probar un equipo diferente. Se trata de seguir creciendo como profesionales, compartir conocimiento y estar mejor preparados para responder con eficiencia y seguridad si es necesario.
Agradecimientos
Quiero expresar mi agradecimiento a todos los profesionales que participaron en estas jornadas de entrenamiento.
Gracias al GERA del Ayuntamiento de Valencia, al GER de la Diputación de Alicante, al Dr. José María, médico de emergencias helitransportadas, al GRA del Ayuntamiento de Albacete, al SEPEI de la Diputación de Albacete, Bomberos del Ayuntamiento de Cuenca y Valeriano, formador y espeleólogo con mucha experiencia en espeleo-socorro por su implicación, profesionalidad y por compartir su experiencia durante estos dos días de trabajo.
Entrenar juntos, intercambiar conocimientos y aprender unos de otros es la mejor forma de seguir mejorando como equipos de rescate.
Gracias por leer este aticulo, si crees que le puede interesar o ayudar a alguien, compartelo.


